
Marito y Memé. Miradas perdidas. Los protagonistas de “La Omisión de la familia Coleman” de Claudio Tolcachir. Memé se creía la hija pequeña de la familia, su hijo no sabía cual era su lugar. Con todas sus incongruéncias, extravios y maldades, son la pareja más entrañable de todas las obras de teatro que he dirigido. Los miro ahora, pasados diez años y todavía me conmueven. Durante los meses de ensayos y después en las representaciones, Fran Rico y Laia Teruel no interpretaban a Marito y Memé, lo eran. Su transformación en escena era de tal calibre que el público empatizaba con ellos hicieran lo que hicieran. Las risas llenaban las salas de teatro viendo en movimiento a madre e hijo y toda su familia. Pero estas risas no eran del todo libres. El público percibía que a pesar de estar riendo, algo lo retenía en todo momento. La tristeza envolvía cada sonrisa que la familia provocaba.
Si pudiera llevarme a dos personajes a una isla desierta me los llevaria sin dudar. Tendría garantizada la sonrisa, la dulzura, la pillería, el absurdo, la ternura. Imposible aburrirse. Y sabiendo que detrás de mi pareja favorita se esconden dos grandes personas como lo son Fran y Laia todavía con más motivo. Pasa el tiempo y mi agradecimiento hacia los dos sigue intacto. Un trabajo que perdura tanto tiempo en la memoria me recuerda que fue muy grande.






